Después de haber reparado con éxito el mecanismo en la parroquia local, ahora los llaman de otras localidades. En este momento, los esfuerzos están puestos en San Jorge.

  Los Amigos del Reloj, esos cinco locos lindos de Sastre que se cargaron a los hombros la tarea de reparar el artefacto que da la hora en la iglesia local, no solamente cumplieron su cometido y recibieron el reconocimiento de la feligresía y la comunidad. Ahora van por más. Si todo marcha favorablemente, encararían la hazaña de hacer lo propio con el reloj de la parroquia de San Jorge, con un pequeño detalle: el aparato ya no está más en el campanario de la torre, sino que, creyéndolo obsoleto e irrecuperable, hace aproximadamente 20 años lo desmontaron y lo bajaron. Ahora está al nivel del suelo, expuesto como una pieza de museo.

  Pero para el grupo Los Amigos del Reloj, aparentemente, nada es imposible. Aunque el trabajo requiere de recursos y logística, podrían llevarlo a Sastre y arreglarlo ahí, para que luego se le dé un destino apropiado.

  El reconocimiento obtenido por los cinco sastrenses no termina ahí. Fueron convocados de lugares tan distantes como Santa Clara de Saguier y, de manera más informal, de la misma Arroyo Seco (a 242 kilómetros de Sastre, por ruta). Ya saben que algunas cosas no las podrán cumplir porque todo se complica con las distancias, así que se han puesto a disposición para asesorar en lo que sea necesario. Pero el “Proyecto San Jorge” todavía parece posible.

El Grupo

Tal cual lo publicó oportunamente La Capital, los cinco amigos de Sastre, localidad del departamento San Martín ubicada a unos 200 klilómetros de Rosario, decidieron poner manos a la obra y revivir la máquina que comenzó a funcionar hace casi 70 años, que tiene cuatro cuadrantes de 1,8 metro de diámetro y se levanta a 30 metros del suelo, en el campanario de la parroquia San José.

  Amantes de la mecánica, la tecnología y la producción manual, se bautizaron a sí mismos como “Los Amigos del Reloj”, y contaron para la aventura con el apoyo de vecinos, comercios locales y, sobre todo, del municipio, quien fue el único espónsor para dejar a punto la máquina.

  Miguen Ángel “Roly” Peretti tiene 60 años, egresó como técnico óptico del Instituto Politécnico de Rosario. Viene de familia de relojeros y joyeros, y ya había tenido alguna experiencia con el mismo reloj parroquial. José Giorda (61 años) es mecánico, chapista, reparador de autos antiguos y mentor del proyecto. José María Bossa (55), es profesor de educación física y un idóneo en trabajos manuales y de precisión. Héctor Minetti (56), es electricista, hombre clave para manipular todo el sistema de suministro energético. Y Luis Emilio Blanco (51), periodista, además de aportar sus propias habilidades, fue el encargado de documentarlo todo, para que nunca más nadie trabaje “a ciegas”.

Con días de diferencia

Los trabajos comenzaron el 14 de agosto de 2020. La idea era dejar el reloj inaugurado para la Navidad de ese año, pero distintas circunstancias demoraron apenas unos días la concreción del objetivo.

  Una de ellas fue el coronavirus, del que se contagiaron tres de los cinco voluntarios, aunque aseguran que la trazabilidad no se dio por el trabajo conjunto, sino que cada uno contrajo el Covid-19 por separado. Los otros inconvenientes fueron técnicos y operativos.

  Lo cierto es que el 30 de enero de este año, a las 17.30, el reloj volvió a funcionar. Fue un momento emotivo, tenían que mantener los engranajes de las manecillas preparados para el momento exacto del refuncionamiento. Y así fue.

  “Quedó impecable. No adelanta ni atrasa un segundo. Podemos decir que quedó mejor que cuando lo instalaron por primera vez, hace 70 años. No sólo por lo bien que funciona el mecanismo, sino porque el habitáculo no tenía antes ningún tratamiento, el piso tampoco”, afirma Peretti. Y abunda: “Pintamos las paredes, arreglamos las puertas, al reloj mismo le pusimos vidrio en vez de chapas. Reemplazamos masillas por silicona, se gastó muchísimo dinero sólo en eso”, dice, y agradece a la Municipalidad de Sastre por haberles dado “vía libre para trabajar, esponsorear todo lo que hicimos y hacer cargo de buena parte de los gastos”.

Feligreses agradecidos

Los agradecimientos fueron y vinieron. En un comunicado fechado el 18 de febrero de este año, el Consejo Pastoral de Sastre les hizo llegar “el más sincero reconocimiento y agradecimiento por el voluntario y generoso trabajo que han realizado, poniendo a punto el reloj de nuestra iglesia parroquial. Entendemos que fue una tarea ardua y delicada, pero realizada con mucha disponibilidad de parte de todo el grupo”.

  El mismo escrito, firmado por unos 15 integrantes del consejo, manifiesta que “la comunidad toda está gratamente sorprendida por lo que han podido concretar. El reloj de nuestra iglesia tiene su singularidad y su sello particular, porque es el que marca a los fieles el momento de participar en las celebraciones de los ministerios eternos”. Y finaliza: “Nuevamente gracias y desde ya elevamos nuestras más sentidas oraciones por todos ustedes”.

  Los Amigos del Reloj atesoran este escrito como uno de los reconocimientos más preciados, que les dio ánimo para seguir por más, siempre acorde a las posibilidades que les imponen las distancias, las dificultades y sus propios compromisos laborales, que los tienen.

Más allá de las fronteras

Pero la cosa no termino ahí. Pablo Ridolfo, un empresario de San Jorge, se comunicó con Peretti para ver qué se podía hacer con el reloj de la parroquia San Jorge, en la ciudad homónima, la más poblada del departamento. Ridolfo es un productor agropecuario de San Jorge, con negocios sobre todo en el rubro alimenticio. Pero es, sobre todo, miembro de una familia muy tradicional de la ciudad.

  Como un llamado del “Profesor” en “La Casa de Papel”, el equipo, que ya había dado por finalizada su tarea, volvió a juntarse. Se trasladaron tres veces a la ciudad vecina, de la que la separan sólo 17 kilómetros. La primera fue de evaluación, en la que se contactaron con el padre Ignacio Balbo, cura párroco del lugar; la segunda, para bajar el pequeño reloj electromecánico que había sido instalado en lugar del original, y la tercera, para armar un grupo de trabajo en la misma localidad.

  Pero en esas incursiones descubrieron que el reloj original ya no estaba en su lugar, sino que hace unos 20 años lo desinstalaron y bajaron al nivel del suelo.

  Peretti se comunicó con algunos relojeros tradicionales; entre ellos, Carlos Ducler, oriundo de Rosario y residente hoy en San Esteban, Córdoba, quien opinó que había sido “un error” que lo hubieran sacado. “¿Cómo lo suben ahora, aunque funcione?”, se preguntó.

  Para este grupo emprendedor, lo hecho, hecho está. Ahora hay que ver si el aparato puede ser puesto nuevamente en funcionamiento. Y por lo visto, puede.

  El empresario Pablo Ridolfo (izquierda), el cura párroco Ignacio Balbo (con barbijo) y parte de Los Amigos del Reloj en una de las visitas a la iglesia de San Jorge, donde encararán dos nuevos desafíos: recuperar el funcionamiento del reloj eléctrico y restaurar la máquina antigua.

  El empresario Pablo Ridolfo (izquierda), el cura párroco Ignacio Balbo (con barbijo) y parte de Los Amigos del Reloj en una de las visitas a la iglesia de San Jorge, donde encararán dos nuevos desafíos: recuperar el funcionamiento del reloj eléctrico y restaurar la máquina antigua.

  “Lo primero que hicimos fue bajar el sistema electromecánico que estaba instalado en la torre, un pequeño circuito conectado a una computadora, que solía tener problemas por cortes de electricidad y descargas atmosféricas asociadas al pararrayos de la parroquia. Los relojes con pesas tienen autonomía como de 10 a 15 horas o más, aunque se corte el suministro de energía, y recuperan su autonomía de modo automático cuando regresa la energía”, cuenta el relojero.

  Con respecto a la máquina principal, creen que tiene arreglo, pero tendrían que llevarla a Sastre, ubicarla en un taller y repararla. No es fácil. Está la cuestión económica de por medio y hay que afrontarla.

  En la revisión a la máquina notaron que le falta el mecanismo de suspensión que sostiene el péndulo. “Pensamos que ese fue el motivo que determinó el cambio de sistema. Bajaron todo el mecanismo y ahí quedó, expuesto como una pieza de museo”, comenta el especialista. “Pusieron otro, pero a mi criterio la máquina tiene compostura y podría estar funcionando en su lugar”, abunda. Ahora tienen que ver la posibilidad de llevarlo y devolverlo funcionando.

Compromiso comunitario

La comunidad tomó cartas en el asunto y ya se armó un muro de Facebook: “Reparemos el Reloj de San Jorge”. El compromiso tiene que ser grande porque, aunque haya voluntad de colaborar, los costos de reparación pueden ser altos. Es necesario conseguir repuestos, entre ellos, las pesas -que no están-, la suspensión y otras piezas. No saben a cuánto puede ascender ese presupuesto. Buscarán por el momento la colaboración del especialista de San Esteban para iniciar la etapa de cotización para la reparación.

  Todo está en etapa de proyecto. Por el momento, bajaron el mecanismo que estaba instalado en la torre, lo limpiaron, lo pusieron a punto y se lo entregaron a Daniel Bianciotto, un ingeniero eléctrico que pertenece a la comunidad parroquial y su colega Carlos Zaporitti, quienes lo hicieron funcionar en los últimos tiempos. El otro, la máquina original, ya requeriría de una logística diferente.

  Ellos saben que no hay mucha gente en el mercado que esté haciendo este tipo de cosas, es una actividad muy acotada. Y será por eso también que los llaman por necesidad. “Tuvimos una consulta de Santa Clara de Saguier, a la que todavía no respondimos porque necesitamos más especificaciones. Una ex compañera de la carrera de óptica se contactó desde Arroyo Seco porque el reloj local está parado. Podemos asesorar a la distancia, pero por el momento, si algo está en nuestras posibilidades, es en San Jorge”, remata el relojero, ya convertido definitivamente en el vocero del grupo.

Gentileza: Marcelo Castaños – Diario La Capital (Rosario) / Bumerang News.